miércoles 27 de mayo de 2009

El gran conejín


A veces no puedo evitar jugar con mi mente, sabiendo inclusive de antemano que voy a perder en forma inexorable. En ocasiones me pregunto como puede ser posible, por ejemplo, que el niño prodigio, el estudiante aplicado, el buen padre de familia, pueda repentinamente dejar en el olvido todo eso, dejar de ser el Dr. Jekyll, a quien sus pacientes y amigos respetan y admiran, y sorpresivamente convertirse en el peligroso Mr. Hyde por el solo hecho de estar presente en el lugar indicado, con la gente apropiada y en ese instante preciso. Claro que esto no es nada nuevo. No en vano el escocés Stevenson escribió la novela de este médico que por las noches se transformaba en una abominable criatura llamada Edward Hyde, quien cometía los más atroces crímenes. Stevenson, en forma exagerada aunque por cierto brillante, introducía a sus lectores el mundo de las personalidades duales, o lo que en la psiquiatría americana se conoce como "split personality". Si bien -como casi todo en la vida- ciertos rasgos de la personalidad son comunes y no considerados patológicos, esta delgada línea que divide lo 'normal' de lo 'anormal' es a veces difícil de trazar. Porqué esta introducción? Sencillamente porque es cuando ingreso en estas imprecisas fronteras que separan el bien de el mal, lo correcto de lo incorrecto, lo gratificado de lo castigado; es ahí cuando cada día me sorprendo más de nuestra existencia. 

En un país no tan lejano, hace tiempo, y con protagonistas que no necesariamente existieron, una anécdota se hizo presente en mi imaginación. Una historia que si bien nunca ocurrió, podría ocurrir. Una fantasía en la cual ningún ser humano (que se digne de ser llamado tal) aceptaría haber participado. Una ficción que sólo se convierte en realidad cuando entro en esa nebulosa de fantasías y juegos perversos con los cuales mi memoria se funde con mi inconsciente tratando ambos de que una vez más, trace esa línea divisoria entre el bien y el mal..

 La regata se había largado aquella mañana de Enero desde una conocida ciudad balnearia uruguaya.  La competencia duraría gran parte del jornal, llegando ese mismo día de tarde y regresando el siguiente. El puerto de llegada, situado a unas cuantas millas al Norte, si bien por aquellos tiempos pretéritos no era tan turístico como en el presente, ya poseía un cierto atractivo, producto de estar rodeado por tan buenas playas como las de Punta, pero con una mucho menor densidad poblacional. El paraje era realmente hermoso y me resulta difícil definir objetivamente la causa. Quizás era el contraste de haber estado horas atrás en una urbe repleta de autos modernos, carteras Prada y lentes Versace, una ciudad en donde la presión de estar vestido impecablemente se hacia sentir desde el amanecer; y ahora por el contrario entrar en un pueblo con un tempo más lento, menos demandante, más apacible, en donde los únicos colores que sobresaltaban eran los de la naturaleza, en donde no se podían distinguir las marcas de las ropas en sus habitantes.  Era como ingresar en el túnel del tiempo y transportarse unas cuantas décadas atrás, cuando la gente vivía sin apuro, cuando las urgencias estaban representadas por los fideos que se pasaban de cocción o el calefón que se apagaba mientras uno se duchaba despues de jugar toda la tarde al futbol con amigos. 

En el poblado ese año, en una suerte de descampado cerca del puerto, y con propósito de agasajar a los sedientos participantes de la regata que venían con el ritmo "Moby Dick" en sus venas, se había organizado una suerte de asado de bienvenida. La tarde, realmente digna de ser retratada y el viento del Este que había calmado no sin antes arrastrar con él la alta temperatura agobiante, ayudaban a que la digestion fuera menos lenta. Unas cuantas mesas improvisadas a la ligera, pero bien provistas de cervezas y anécdotas de la regata, sumado a otros cuentos que de por si hubieran resultado aburridísimos al ser narrados en otra situación temporoespacial, entretenían a este grupo de personajes quienes trataban con esmero bajar de frecuencia y dejarse llevar por la paz reinante en la atmósfera. Era aún muy temprano para pensar en la noche, pero muy tarde para algún plan diurno alternativo, lo cual indefectiblemente dejaba tácita la posibilidad de entregarse al ocio; algo que en determinadas circunstancias puede ser extremadamente peligroso, puesto que como un viejo amigo alguna vez dijo, "El ocio genera pelotudez".

 A unos cuantos metros de donde se festejaba esta hermosa sobremesa de jóvenes deportistas transcurría otra reunión, la cual nada tenia que ver con la regata. Lo que ocurría era algo mágico. No recuerdo si se trataba de una colonia de vacaciones, un cumpleaños infantil, o una Kermesse local; lo cierto es que un centenar de niños, acompañados en su mayoría por sus respectivos padres, se acomodaban en una especie de precario teatro al aire libre. Las caras de juguetería no eran sólo las de los niños; muchos padres también estaban felices al poder compartir junto a sus hijos tan preciado evento rebozante de paz, amor y camaradería. El escenario era una tarima hecha de madera barata y liviana, la cual se elevaba unos cuantos centímetros por encima de las cabezas del publico. En él, una escenografilla construida seguramente por gente no dedicada al arte, pretendía simular una suerte de granja idílica, en donde hombres y mujeres de distintas edades disfrazados de animalitos, jugaban y realizaban las clásicas tareas rurales. Si la memoria no me engaña, uno de los protagonistas era una suerte de conejo gigante, al cual los demás llamaban "el gran conejín". Este simpático animalito, de movimientos torpes, pero al mismo tiempo afeminados, pregonaba lo ejemplar y gratificante que resultaba el trabajo en la granja, la buena relación con los amigos, el respeto al prójimo, y todas esas demás buenas costumbres las cuales suelen ser parte de nuestra escencia mientras transitamos la juventud, y que se van extinguiendo lentamente a medida que uno va curtiendo su piel al ser expuesta en forma persistente a esa suerte de maratón cotidiana que algunos llaman vida.

Los demás animalitos de la obra asentían y aplaudían cada vez que el obsoleto roedor hacia tal o cual tarea, o mencionaba tal o cual frase, entonando una canción también improvisada que decía algo así como "Que lindas las mañanas del gran conejín, todas los días nos riega el jardín". Con el correr de las horas, la reiterativa canción sonaba cada vez más aburrida y desafinada, el pelotudo conejo más amanerado y hasta casi insoportable, y los padres como que ya cansaban al repetir los entupidos estribillos generados por esta suerte de frustrados actores. "Que lindas las mañanas del gran conejín, todos los días nos riega el jardín", una y otra vez, cada escasos minutos. Lo que al principio parecía un acto bondadoso, repleto de afecto y ternura, se iba transformando de a poco en una farsa cursi, cuasi insultante para todo oído que durante los últimos días había estado expuesto las 24 hs al Rock & Roll, House music y Reggae.

 No hacía falta tener mucha imaginación para entender que al no haber ningún otro tipo de atractivo en varias millas a la redonda, y siendo la única alternativa volver al barco a tomar mates o dormir hasta la noche (la cual no prometía más que una cena tranquila en algún restaurante improvisado), la gente de a poco iría acercándose al escenario, como premeditando la idea de que con cierta modificación sutil, el ridículo numero infantil se podría llegar a convertir en algo un poco más entretenido. Es sumamente interesante observar como el ser humano, ante una situación sin posibilidad de escape (o en este caso menos dramático, sin otro atractivo presente alrededor), decide hacerse cargo de la situación reinante, y modificarla a su conveniencia de tal forma que cumpla con los requisitos básicos que él demanda en ese momento. Esta conducta, que a primeras parece tan obvia, es nada más ni nada menos (por cierto en menor escala) la premisa detonante de eventos ulteriores responsables de casi todas las catástrofes que se conocen en la historia de la humanidad.

Al principio las familias espectadoras sonreían al ver a estos jóvenes sentarse a sus alrededores. Hasta creo que los movimientos de los paupérrimos actores mejoraron sustancialmente al alucinar que el aumento del público se debía a un legitimo reconocimiento de sus dotes actorales. Lo que comenzó con risas sutiles y prosiguió con carcajadas algo prolongadas para lo esperado por ciertas escenas, fue de a poco tomando matices más sombríos, tonos menos familiares, sabores agrios.  Algo difícil de explicar flotaba en el ambiente y anunciaba que aquel tranquilo paraíso había dejado de ser tal para convertirse en la antesala del infierno. La vigesimoquinta vez que el público comenzó a entonar la maldita canción "que linda las mañanas del gran conejín..", los ya ebrios tripulantes terminaron la estrofa agregando al unísono .."todos los días se traga el balín". A partir de ese instante, los únicos lucidos fueron los padres que, poseedores de una gran visión futurista, decidieron rápidamente retirarse con sus hijos del evento. El resto de los presentes, quienes ya sea por pretender ser más complacientes o simplemente por descuido, decidieron prolongar su estadía en el pequeño ágape, fueron espectadores esa tarde de algo que se solía practicar en la antigua Roma. 

El teatro nació hace siglos con el pueblo, quien históricamente cumplía la función de público espectador, el que a su vez representa lo que se conoce en actuación como "la cuarta pared" del escenario. Desde sus inicios, este público fue tradicionalmente ignorado-por así decirlo- por los actores quienes siempre se concentraban en su obra, sin importar lo que ocurriese fuera del escenario. No voy a entrar en detalles acerca de las causas que llevaron a la caída del imperio Romano puesto que -lejos de ser yo un experto en el tema- generaría controversias que están más allá de las intenciones de esta narrativa. Solo a manera ilustrativa y con fines meramente comparativos, recordaré que fue el mismo emperador de Roma, a quien ese "ocio creativo" (el mismo que genera pelotudez!) por el que estaba invadido lo impulsó a ahondar en nuevas vías de divertimento para su gente. El efecto sólo transitorio que tuvo la participación directa del pueblo en las obras teatrales (derrumbamiento metafórico de la cuarta pared), culminó con lo que se conoce como el circo romano, en donde los actores terminaron siendo victimas del mismo pueblo. Siglos después, a miles de kilómetros de distancia, y en proporciones muchísimo más pequeñas, estábamos a punto de presenciar en minutos, lo que en otros tiempos a la historia le llevó décadas lograr.

-"Que lindas las mañanas del gran conejín, el trolo de mierda se traga el balín". Creo que esa fue la última vez que oímos el ya no tan obsoleto estribillo. Como Marabuntas hambrientas, el grupete de inadaptados trepó al precario escenario y decidió al unísono que había que satisfacer al emperador (?) y tomar parte en la obra. Los novatos actores trataban de ignorar el hecho de que la cuarta pared había sido derribada, y que ahora eran ellos los que estaban en el circo romano, a merced de los leones. En escasos segundos, el escenario comenzó a fracturarse, las precarias columnas y adornos a derrumbarse, y en sólo un instante la granja, los leones, el pueblo y por sobretodo el pelotudo conejón se hundieron quedando tapados por pedazos de madera rotos y baratos adornos de papel creppe. Los padres presentes corrían a tomar a sus hijos en brazos y abandonaban el predio desesperados. Los actores, con una mezcla de frustración e indignación, se retiraban también, aunque a paso más lento del área. Los únicos que trataban de proseguir con la obra -por cierto ya sutilmente modificada-, era esta barra de inadaptados quienes pretendían dar forma a algo que ya no la tenia.  Estrofas como -Conejoooo, no tenes aguanteeee, conejoooo, sos un vigilanteeee!!-  o peor aún - Conejo conejoria, agarrame esta zanahoria- anunciaban el inminente final del espectáculo, la cual había quedado a merced de unos pocos desaforados quienes se esforzaban por poner en escena una suerte de orgía/violación de lo que quedaba del disfraz de conejín.

Un dia después, todo había quedado en el olvido. La nueva Roma con sus impecables habitantes vestidos por Prada y Versace daban la bienvenida nuevamente a este grupo de Dres. Jekyll quienes cuales emperadores regresaban victoriosos de la última regata del campeonato y se preparaban para retornar a la rutina luego de lo que había sido una semana de divertimento y regocijo. Conejín, la antigua Roma, y por sobretodo Mr. Hyde, habían quedado sepultados en aquel ya lejano verano, el cual se haría presente en forma cíclica a manera de anécdota lejana, en alguna que otra reunión de amigos,  ya cuando el vino y otros cuentos son reemplazados nuevamente por el ocio.

OC, Mayo de 2009

domingo 19 de abril de 2009

Deportes en el recuerdo.

Regata Olivos-Floria, 1986. Califa. Se notaba la influencia "Dire Straits" en la tripu.

Servilleta de "Chez Moi" con su logo (principio de los 80's)
Cortesia del Gringo Polci.



Regata Buenos Aires-Rio de Janeiro. 198..
Gran Califa. Eramos tan jovenes...

domingo 29 de marzo de 2009

Pegasus





La noche era cálida y cerrada. Arrastraba ese dulce y húmedo aroma que emana de las plantaciones de algodón después de las lluvias estivales. La densa oscuridad sólo se veía interrumpida ocasionalmente por algún brillo de luna que acechaba de tanto en tanto, como para pintar una imagen instantánea de aquel dinámico paisaje. En el horizonte, un apenas perceptible resplandor rosáceo anunciaba la inminente llegada de un nuevo día.

Como cada madrugada en su rancho de Alabama, Caroline se encontraba pronta para otra jornada de trabajo. Su rostro reflejaba ese interesante matiz contradictorio de la tranquila y a la vez dura vida de campo. Era imposible adivinar su edad. Si bien las arrugas en su piel delataban que su adolescencia había quedado décadas atrás,  sus ojos aún irradiaban esa mezcla de ingenuidad y optimismo característicos de la juventud. Sin embargo, un dejo de preocupación se hacia evidente en su rostro...

En un par de horas más otro pesado y largo jornal comenzaría, pero a ella no le importaba trabajar duramente todo el día. Si bien con suerte la cosecha solo alcanzaría para cubrir el alimento para los animales y la pintura del establo, ella había aprendido a vivir del algodón desde que su padre le enseñara todos sus secretos cuando niña, y era feliz haciéndolo. Lo que le molestaba no era eso..

A unas 300 yardas al Este de su casa, junto al molino, yacía el viejo establo. Si bien había sido construido por su abuelo más de 50 años atrás, su mantenimiento a lo largo de los años se había logrado gracias al obsesivo trabajo de ella. La pintura de color verde oscuro estaba en óptimo estado, y los dos grandes portones de color blanco inmaculado, cerraban con la precisión de una caja de seguridad suiza. 

En las últimas semanas, algo había alterado la paz de aquellas silenciosas noches campestres. Desde hacia días, los relinchos proveniente del establo, no le permitía conciliar el sueño. Pegasus, su fiel caballo y compañero inseparable de trabajo de toda la vida, estaba comportándose en forma extraña. Si bien Caroline podía no darse cuenta de las desapariciones nocturnas de Jonathan, su marido; o no percibir los cambios de conducta bizarros en su hijo adolescente, Jim; ella conocía a su caballo como a nadie y podía asegurar que algo, sin lugar a dudas, molestaba al blanco corcel. 

Pegasus no era un caballo común y corriente. Caroline aún recordaba aquella primavera de 1987, cuando de repente una tarde Pegasus comenzó a revolear la cola como las aspas de un molino. Ella rápidamente pudo advertir que no se trataba del típico movimiento oscilante y arrítmico con el cual los caballos espantan a las moscas de sus traseros. Esa vez la voluminosa cola giraba rápida e ininterrumpidamente, con el preciso ritmo de un metrónomo. Al mismo tiempo su cabeza giraba hacia atrás, sus ollares se dilataban, y un relincho corto, pero penetrante irrumpía el silencio de la tarde, mientras sus oscuros ojos trataban de advertir algo. Minutos mas tarde, su campo al igual que otros vecinos era azotado por un feroz tornado, el cual destruiría gran parte del condado y dejaría a varios rancheros al borde de la bancarrota. 

En otra oportunidad Pegasus irrumpió en la casa a la hora de la cena, e introduciendo su hocico en la pileta de zinc de la cocina resopló una y otra vez, creando grandes borbotones y salpicando con agua a todos los presentes. Inmediatamente después, abandonó la habitación y se dirigió a pleno galope hacia el rancho vecino. Por supuesto que ese comportamiento inusual hizo que Caroline al igual que el resto de los sorprendidos comensales lo siguieran, hasta descubrir atónitos que en el tanque australiano situado al lado del casco de la estancia de los Bridgestones, el pequeño Tommy de solo 3 años jugaba peligrosamente al borde de la piscina. Una vez más, Pegasus había anticipado una tragedia, esta vez salvando una vida y por ende ganándose el respeto de todo el poblado.

La noticia acerca de la virtud que poseía el singular equino se esparció rápidamente por los alrededores. En el bar de Ozzy, lugar en donde los lugareños se reunían a menudo por las noches, las historias de Pegasus crecían en forma exponencial. - A ese caballo lo han visto manejando la Ford Bronco de Jonathan-, decía Mike. - Eso no es posible- exclamaba Willie. -Bueno...no dobla aún, pero en línea recta puede manejar unas cuantas yardas-, se defendía Mike, ofendido por haber alguien puesto en tela de juicio lo que el había dicho. Michael Anastasios Fortuin, o simplemente "Mike", era el hijo de un matrimonio compuesto por un padre inmigrante franco-británico y una madre de origen griego. Si bien sus padres se habían esforzado en brindarle una muy buena educación, enviandolo a las mejores escuelas y colegios de la region, Mike se había entregado al alcohol y al juego compulsivo, luego de fracasar repetidamente en su intento por ser veterinario. Era conocido en el pueblo por inventar historias inverosímiles. Pero no se trataba solo de las historias de Mike. Otros aseguraban haber visto al caballo volar de madrugada, desplegando grandes alas, y así espantando a los cuervos de las plantaciones de maíz vecinas. -Por que se creen que se llama Pegasus?preguntaba Ann Marie, maestra rural y una de las pocas personas cultas del poblado, haciendo gala de su conocimiento mitológico, mientras el resto la miraba desconcertadamente.

Historias como estas no le beneficiaban en nada a Caroline, quien muchas veces tenia que interrumpir su labor para atender a vecinas, quienes solicitaban tener una entrevista con el caballo para preguntarle a éste si sus hijas estaban embarazadas, si iban a ganar la lotería, o bien para saber cuan buena iba a ser la cosecha ese año.

Como suele ocurrir en estos pequeños pueblos, un dia granizó sin que Pegasus lo advirtiera, toda la cosecha de la zona se perdió y los lugareños quisieron descuartizar vivo al caballo e incendiar el rancho de los Mackenzie. Por suerte Jonathan y su hijo pudieron alejar al caballo por la puerta trasera del establo y ocultarlo en la vieja mina de carbón abandonada, localizada a unas 10 millas del rancho. Mientras tanto Caroline, en el casco de la estancia, utilizando su mirada inocente, convidaba limonada a los enfurecidos vecinos con el fin de apaciguar los ánimos. Al poblado se lo engañó asegurando que el granizo había espantado al animal y que nunca más se supo de su paradero.

Luego de un par de semanas, todo el mundo había olvidado a Pegasus. Jonathan y Jim lo trajeron nuevamente al rancho, le tiñeron la cola y las patas de negro para así evitar fuera reconocido, y esparcieron la noticia que habían adquirido otro ejemplar de cuadrúpedo similar al anterior, el cual habían hecho traer de Kentucky. 

Pero Pegasus ya no era el mismo que antes del incidente del granizo. Caroline no sabía si era fruto del tiempo que estuvo escondido en la mina, la pintura en las patas, o algo más que ella ignoraba; pero lo cierto es que el comportamiento de Pegasus, especialmente durante las noches, era preocupante.

Faltaba solo una hora para el amanecer y la noche parecía estar como acostumbrándose de a poco al día. Los relinchos provenientes del establo habían cesado. Ahora que pensaba más detenidamente, el comportamiento de Pegasus durante el día tampoco era el mismo que antes. Claramente esto ultimo era más sutil, pero ella había notado que su paso era más desincronizado, hasta el trote no era el mismo: había perdido velocidad y destreza. Que le pasaría a Pegasus?

Cuando niña, su padre le había traído a Pegasus, cuando aún era un potrillo. Recordaba lo mucho que le costo entenderse con el al principio, y como de a poco fue entrando en confianza con el animal hasta hacerse prácticamente inseparables. Claro que luego de la fiebre equina que contrajo el joven potro aquel verano del 62, las cosas cambiaron. A Pegasus lo tuvieron que aislar en un galpón alejado, para evitar que contagiara aquella enfermedad, hasta entonces no muy conocida. Solo el padre de Caroline lo visitaba, llevándole agua, avena y pastura. Ella pensaba que iba a morir. Estuvo deprimida durante semanas, sin siquiera comer. A veces imaginaba que otros animales eran Pegasus, y en medio de la noche salía en camisón persiguiendo gallinas, a veces zorros, otras veces fantasmas que solo existían en su imaginación. Varios médicos de diversas especialidades fueron consultados. Se arribó a la conclusión que Caroline padecía una depresión reactiva, producto de la inminente perdida de su querido caballo.

De repente, luego de largas y angustiosas semanas, un día su padre le dio la buena noticia: Pegasus estaba mejor. Si bien ya no seria el veloz caballo de antes, podría ayudarla en la siembra, tirando un arado no muy pesado, y hasta galopar de vez en cuando. Caroline recobró su ánimo. Se levantó de su cama, y empezó de a poco a recobrar vida. Desde aquel momento, ella y Pegasus fueron inseparables nuevamente. Lo que Caroline nunca había entendido, era como Pegasus, quien había nacido en 1948, aún siguiera vivo. Ella tenia entendido que los caballos Vivian 20, 30 años, un poco más tal vez, pero jamás había oído de un caballo de 60 años. Tal vez la enfermedad lo había inmunizado contra otras. Tal vez era el cuidado y amor que ella le había propiciado a lo largo de estos años lo que lo mantenia vivo. Pero lo que le molestaba no era eso, sino que su fiel compañero se comportaba extrañamente. Habría llegado Pegasus al final de su camino? Seria coincidencia el episodio del granizo, y la realidad que Pegasus estaba realmente viejo y enfermo? pero porque semejante cambio drástico reciente?

Una tarde, mientras recorría las tiendas del pueblo, Caroline escucho a Lorraine, esposa del banquero del pueblo, contarle a otra mujer que en el campo de los Tompkins habían encontrado a una de sus vacas lecheras sin vida. Al parecer el animal había sido atacado misteriosamente en el cuello, y desangrado. No pasaron mas de un par de minutos hasta que Caroline asociara ese incidente con el comportamiento de Pegasus: sin lugar a dudas, Pegasus había sido atacado por vampiros, seguramente mientras habia estado oculto en la vieja mina, y ahora estaba experimentando la metamorfosis que atraviesan todos aquellos que son atacados por esas desagradables criaturas nocturnas. Ella lo había visto en innumerables películas y documentales. No había dudas! Seguramente el primer contacto con estos despreciables chupasangres había tenido lugar en la mina de carbón, y ahora el pobre Pegasus seguía siendo atacado cada noche en el establo. Eso explicaba los ruidos nocturnos provenientes el establo. Tambien justificaban su andar lento. La anemia lo habia debilitado a punto tal que ya no podia siquiera tirar del mas liviano de los arados.

En un instante, todo pareció de repente cobrar sentido y en su mente, y Caroline empezó a tramar un plan. Sabia que debía salvar a Pegasus, si es que ya no era demasiado tarde. Ese mismo amanecer, antes que aclarara del todo, encerró a Pegasus en el establo, lo amarró firmemente y comenzó a fregar su lomo enérgicamente con agua de ajo, la cual tambien le hizo beber; luego le hizo enemas con la misma, mientras clavaba crucifijos sobre todas las paredes del establo. Sobre el lomo del animal, pintó una gran cruz, y con otros crucifijos de hierro mas pequeños, calentados previamente al fuego hasta estar incandescentes, marcó la piel del animal, para que de esa manera quedara protegido en forma permanente de los vampiros. Esas medidas, sin dudas, tenían que funcionar. Ella lo había visto todo por televisión.

Súbitamente, el caballo empezó a emitir sonidos desgarradores que hasta parecían humanos. Luego comenzó a patear enfurecido hasta desatarse y destrozar la puerta del establo. Se arrojó al piso y se retorció como una serpiente en llamas hasta que de repente, su piel comenzó a agrietarse justo por debajo de la base de su cuello. Al mismo tiempo, los cuartos traseros se separaron del resto del cuerpo, y una mano con forma humana se asomó a través de su orificio anal, mientras otras dos afloraban de su pecho. Caroline, sin casi tiempo para reaccionar, casi perdió el conocimiento al ver tan repugnante escena.

-Esto es inaguantable! -exclamo Jim, mientras salía de adentro del caballo.

-Te lo dije padre, esto no iba a funcionar. Que me mojen con agua, vaya y sea, pero el enema de ajo...eso si que no lo voy a tolerar..y la cruz caliente en la espalda..esto es inhumano! Llego el momento de decirle a mama la verdad.

Caroline estaba petrificada. Aun no entendía que hacían su hijo y su marido saliendo del interior de su querido corcel.

-La historia es larga, Caroline-, se animo a decir Jonathan mientras vomitaba el agua de ajo.-Te acuerdas esa vez que Pegasus estuvo enfermo? Bueno, en realidad él murió de fiebre equina; pero tu padre contrató algunos peones para que simularan ser Pegasus, temiendo verte morir de tristeza a ti. Tom, hizo un buen trabajo preservando la piel original. Al principio fueron los hermanos Russell los que cada dia simulaban ser Pegasus. Ellos trabajaban en el circo de Memphis representando un número en el que hacían algo similar, pero luego se cansaron y siguieron otros. así muchos fueron tomando el lugar de Pegasus a lo largo de los años. Antes de morir, tu padre me hizo prometerle que yo seguiría manteniendo esta ilusión viva, y así lo hice. La semana pasada, después del incidente del granizo, los dos peones que venían manteniendo a Pegasus con vida desde hace 7 años, renunciaron. Según ellos las responsabilidades iban creciendo, y ya no aguantaban la presión psicológica. Uno de ellos era medio vidente, y quería probar suerte tirando el Tarot en la ciudad. Por otro lado, el estar tres semanas aislados en la mina no fue del agrado de ninguno de los dos. Ni siquiera ofreciéndoles un aumento accedieron a quedarse. Desde entonces Jim y yo hemos tratado de seguir con este engaño hasta conseguir nueva gente, pero ha sido muy difícil. Mi renguera me impide trotar, y por otro lado Jim ha estado bebiendo mucho últimamente con sus amigos, dificultando las cosas en mayor grado. Imagínate lo difícil que se nos hace mantener esto. Tratamos de practicar durante las noches, pero terminamos por lo general discutiendo y gritando. Según tu hijo yo troto en forma muy lenta, lo cual es verdad, pero es que a mi siempre me gusto el trote ingles. El en cambio viste como es, siempre se llevó las cosas por delante, siempre al galope...

Lo siento mucho Caroline. Lamento que haya llegado este dia en el cual tengamos que destruir tu ilusión, pero Jim tiene razón. Es hora de afrontar la realidad. Pegasus no existe. El murió hace años.

Con la mirada perdida y casi como sin escuchar la ultima frase de Jonathan, el rostro de Caroline empezó a transformarse. Su piel se arrugó más, como si envejeciera de repente, y su cuerpo comenzó a cambiar de apariencia, triplicando su volumen. Su abdomen se hinchó y rasgó, y su torso entero se agrietó al medio. De su interior, una yegua negro azabache asomó y reptando entre sangre y vísceras, se irguió en cuatro patas como una enorme flor que se abre de su capullo, pero en movimiento acelerado. Lo único que quedaba de la apariencia original de Caroline era el brillo de ingenuidad y optimismo en sus ojos. 

Los que ahora estaban petrificados por la desagradable sorpresa eran Jonathan y Jim. No había forma que pudieran asimilar lo que estaban presenciando. El esbelto animal los miró por ultima vez como con un dejo de pena, y se alejó del establo trotando hacia el valle, hasta perderse en el horizonte.

La noche había quedado atrás, y ahora el amanecer perfumaba el rancho con un aroma distinto, menos dulce, más seco. Otro largo jornal de trabajo comenzaba. Pero a diferencia de los últimos 60 años, hoy por primera vez, Caroline y Pegasus no trabajarían...

OC, 9 de Marzo de 2009.



sábado 21 de marzo de 2009

Tostadores celestiales




El maldito agujero en la capota del Citroen 2 CV no paraba de filtrar agua. Afuera llovía a cantaros, y yo tratando de recuperarme de un viernes para el olvido. Serian las 5 de la mañana en la playa de estacionamiento del club y ya estaba empezando a clarear. La decisión de ir directamente del boliche al club había sido acertada. Parar en casa a dormir un par de horas hubiera sido simplemente el final. No me levantaban ni con una grúa para correr. Ahora había que poner garra y tratar de descansar las dos horitas que me quedaban antes que arribara el resto de los delincuentes. La madrugada pintaba mal: Sudeste 25 nudos, 30 en las rachas, lluvia y frio. Yo tratando de acomodarme en el interior del citruca con mi despeluchado polar Javlin que destilaba una gama de perfumes que iban desde Marlboro hasta Coco Chanel, con un dejo agridulce del primer Gancia con limón que no quería terminar de decir adiós...
Con cada racha el Citro se movía de lado a lado y el puma a contrapelo que tenia en el esófago amagaba a salir no sin antes dejarme la faringe desgarrada. Que día me esperaba! Por suerte, con el pasar de las rachas de a poco comencé a amigarme con la gotera, el olor a Gancia y el felino, y felizmente me entregué a Morfeo...

El bamboleo lateral me golpeó fuertemente contra la bocha negra de la palanca de cambios. Esta vez no era el viento. Abrí los ojos y con un estado de resaca similar a la que tendría Vinicius el día después de su quinta despedida de soltero, reconocí rápidamente las risas de los muchachos. Habían ido llegando de a poco y al tener quórum entre todos se habían prendido al Citro como garrapatas, agitándolo de lado a lado.
-VAAAAAMOOOO, VAAAAMOOOOOO!!!, se escuchaba. Que infierno me esperaba!
Eran ya pasadas las 7. Bajé como pude del auto cayéndome sobre el ripio de la playa de estacionamiento, con mi bolso Hood que había usado de almohada enredado, y sin decir palabra encaré para el barco.
La barra seguía riéndose y trataba de interrogarme acerca de la rubia animal con la que me habían visto toda la noche bailando en el boliche (la cual ellos no sabían, me había abandonado después de que por sexta vez le preguntara como se llamaba...). El estado de cada uno de los muchachos, a excepción de Maxi, era casi como el mió. Trepé al barco como pude y me apropié de una de las cuchetas de estribor. El Capi ya estaba preparando la primera ronda de mates. Justo lo que necesitaba!

-Que tierno esta el asado! Dijo el enano maldito. Claro, ahora que estaba en "fase careta" se acostaba temprano. Maxi estaba a un 120%. Después de haber dormido toda la noche, iba a ser difícil poder seguirle el tren.
- Gordo, estas todo mojado!-siguió-Todavía no arreglaste el agujero de la capota que te hizo la perra esa con los tacos agujas?
-le puse "riff stop" pero se voló. Contesté. Mis respuestas eran cortas y al grano. Me estaba empezando a doler la cabeza, y sabía que aun había que remar todo un largo día por delante.
Para mi grata sorpresa, había dejado de llover y lo que yo creía una Sudestada, resulto ser un Este pasajero, que luego de bornear al Noreste, calmó y dejo asomar a Febo. Ahora la historia era otra. Media batalla estaba ganada!
El recorrido a motor hasta la largada fue tranqui, esta vez sin tragos (la noche realmente había sido dura no solo para mi), y la recuperación global se estaba empezando a hacer presente. Un par de tortas negras con mate, y ya estaba listo para cualquier cosa. Mayor arriba, escotas y carros en sus respectivos lugares y una vez mas el TERNURA estaba listo para otra de sus andanzas.

La Cingano era una de las dos regatas más importantes del calendario local. Organizada por el Náutico Ensenada, y nombrada en honor al Dr. Carlos A. Cingano, reunía gran cantidad de veleros de los clubes de la zona. Se largaba a las 9 de la mañana del Puerto La Plata (Argentina), y los primeros barcos por lo general arribaban pasado el mediodía, después de cruzar el Río de La Plata, a Colonia del Sacramento (Uruguay). Nosotros con el TERNURA llegábamos siempre entre los primeros, lo cual significaba (dependiendo de que porcentaje de la tripulación estaba herida de la noche anterior), que pintaba de siesta religiosa hasta la tardecita, o en lugar inmediatamente después de las tartas y empanadas de la llegada empezaban las rondas de "enfurecedores", y ahí ya la cosa duraba non-stop hasta el otro día. A veces me preguntaba porque siempre el grupo en su totalidad tenía esas conductas extremistas..
Esa tarde habia pintado de siesta, lo cual nos vino muy bien, al menos para mí. Un par de horas más tarde, y con las pilas recargadas nos vimos sobresaltados por los alarmantes gritos del capitán.
-Muchachos, estamos jodidos! dijo Arnaldo, quien rara vez perdia la calma.
Lo primero que se me cruzo por la cabeza fue la posibilidad de que hubiera ocurrido alguna desgracia familiar; tal vez no era para tanto y había problemas de matriculación del barco, alguna bengala vencida...no era el caso. El problema definitivamente era grave: Se había roto el esteréo.
La barra estaba aterrada por el futuro de la inminente noche. Rogelio miraba su estuche repleto de CDs totalmente desauciado. Era una verdadera tragedia. Victor Puente, otro del grupo, amenazaba con cortarse las venas con una empanada de carne. Los otros lloraban sin consuelo. Sin embargo, luego de reponernos de la noticia, la solución llego en forma casi inmediata.
La caminata hasta el centro fue a paso firme. Compramos un equipo de audio nuevo en el primer boliche que vimos, regresamos al barco, lo conectamos, y en una hora ya estábamos en carrera nuevamente. El TERNURA podía no ganar a veces en el agua, pero la regata en tierra le pertenecía por definición. No tener equipo de audio era como correr sin vela Mayor.

Recuerdo que aquel año, para la entrega de premios el club había decidido reemplazar las viejas copas de hojalata por premios más funcionales. Los premios se otorgaban en Colonia a la noche, después de una chorizada y algunas copas. No nos había ido bien en la regata, con lo cual no esperábamos recibir premio alguno. Sorpresivamente, minutos antes de comenzar la repartija, la comisión de regatas anuncio que a modo de excepción iban a ofrecer ese año algunos premios alternativos. Una de las categorías que ni bien fue anunciada nos trajo alguna esperanza fue la del tripulante mas feo. Sabíamos que con nosotros estaba el narigón. Para quellos que no tuvieron la suerte de conocerlo, no había sobre la superficie terráquea algo mas feo, repugnante y desagradable que el narigón después de una mezcla de vino tinto, cerveza y gin tonic. Si a eso le agregábamos el aliento a tarta de cebollas del mediodía, era para otorgarle el premio Nóbel del terror. Aun en esas noches de invierno en las que pierdo el sueño, me sigo preguntando como el alcohol puede transformar el rostro de un ser humano de tal forma. Era como si la cara se le hinchara y derritiera al mismo tiempo. La voz ronca y los gestos ayudaban de manera sobresaliente también. No había dudas: era el candidato a llevarse el premio.

La contienda era por aplausos del público. Cuando el narigón subió al podio, interpretando a su personaje favorito: una suerte de Larguirucho mezcla con jorobado de Notre Dame, los presentes estallaron en un aplauso masivo. Ganó por robo! El premio consistía en un pequeño muñeco de marinero onda Equeco, que duro en una pieza entre 15 y 20 minutos hasta que la barra lo despedazó.
Lo interesante de aquella entrega de premios fue que a modo 'consuelo', y tal vez para promocionar estos artefactos hogareños, cada tripulante se llevaba una mini "canasta familiar" en la que venia incluido uno de esos tostadores de lata antiguos, los cuales cumplian su función al calentarlos sobre una hornalla. Si bien al principio nadie les prestó mucha atención, con el correr de la noche estos utencillos comenzaron a sorprender por su efecto volatil antigravitatorio. Sin entrar en detalles, recuerdo ir caminando por una de esas calles de adoquín oscuras al finalizar la entrega, cuando el primer meteotostadorito cayó del firmamento muy cerca mio e impactó contra el parabrisas de un Ford T que estaba estacionado a escasos metros. A partir de ahí, la lluvia de tostadores se hizo sentir, dejando a un tendal de tripulantes tirados por el suelo, sin saber que estaba pasando. Era maravilloso ver a estos cuadriláteros de hojalata caer del éter brillando intermitentemente al reflejo de la luna. El estruendo que hacian al impactar contra las cabezas de los transeuntes generaba un tono musical digno de ser escuchado. Un fenomeno meteorologico sin precedentes en este continente.
La unica vez que se habia registrado el fenomeno "Ay chu choy tost"
(llueven tostadores), fue en Tai Pei en 1957.

Por suerte unos pocos logramos llegar al boliche sin perdida sanguínea alguna. El resto de la noche cursó sin mayores sobresaltos. Solo la típica pelea 20 contra 20, visitantes vs. locales, la policía que nos llevó a todos a la comisaría local, etc, etc. En fin, la típica rutina de fin de semana Colonial.

La mañana de domingo nos sorprendió amarrados a la escollera del Club Yachting y Pesca con inclemencias similares a la del día anterior: Lluvia y viento, resaca y bamboleo, perfumes y felinos. Pero a diferencia de aquel sábado gris, ese domingo no solo nos dimos el lujo de desayunar tostadas.. La música en el TERNURA sonaba como nunca!


OC, Marzo de 2009

miércoles 18 de marzo de 2009

El Carro de Wilson


Los hechos narrados a continuación como así también sus protagonistas, son ficticios. Cualquier semejanza a situaciones que puedan haber ocurrido en la vida real es mera coincidencia.


El viento era no muy fresco, aunque algo húmedo y proveniente del Este como es habitual en esas tardes de Marzo en Colonia del Sacramento. El Sol se hacía sentir, lo cual no solo disimulaba la humedad reinante en el aire, sino que creaba la falsa impresión de estar ante una típica tarde de verano, en lugar de aquella nublada mañana de otoño que nos había visto partir horas antes de la ciudad de La Plata. La fuerte bajante del río dificultaba el arribo de las ultimas embarcaciones, las cuales lentamente iban asomando sus proas a través de punta negra para felizmente amarrar en el "Yachting y Pesca". Los siempre amigables pescadores locales saludaban a los veleros desde la escollera de piedras, como si estos despreocupados nautas fuesen parientes cercanos que venían a visitarlos del mas allá. Todo en conjunto creaba una imagen de paz, serenidad y armonía que dejaba a la dura rutina laboral de la semana oculta en algún rincón lejano de la memoria.
Del otro lado de la escollera, las botellas de Pilsen evaporaban su contenido bajo el ritmo de 'Los Pericos' que emanaba de los ya casi fundidos parlantes del cockpit del TERNURA, barco fondeado en puerto desde hacía un par de horas. El volumen (de música y cerveza) iban aumentando a medida que otros barcos se iban acoderando alrededor. Con cada uno de ellos, eran más las botellas abiertas, más los "temas del momento" escuchados, mas fuertes las carcajadas. Si uno hacía la simple suma aritmética de las variables que componían esa ecuación de plenitud y extrapolaba resultados en función del tiempo, no había manera de que la noche que se acercaba no terminara en tragedia..

El dia había comenzado muy temprano, alrededor de las 7 de la mañana, en el Club Regatas La Plata. Destilando vapores de la noche del viernes y con miles de anécdotas de las semana para compartir, los nautas iban lentamente arribando a la amarra.


Arnaldo, capitán del TERNURA, era el mas tempranero de todos. Con una ansiedad que lo caracterizaba siempre llegaba a su barco al alba y se encargaba de que todo estuviese listo para agasajar a sus fieles tripulantes. Si bien por lo general los capitanes de los veleros en los cuales uno acostumbra a correr suelen ser "la voz de la responsabilidad" a bordo, éste no era el caso de nuestro capitán. Arnaldo era por sobre todo amigo mucho antes que propietario/capitán, lo que hacia que cada uno de nosotros apreciara al TERNURA como si fuese propio. Una frase que básicamente solía definir a Capi antes de cada regata era la siguiente: "Muchachos, vale todo menos romper el barco".
El segundo en llegar esa mañana al TERNURA fue Maxi. Chiquito de físico, pero altamente letal, Maxi se caracterizaba por empezar peleas o discusiones en toda clase de ágapes, las cuales siempre requerían intervención de los mas corpulentos del grupo y que indefectiblemente terminaban con algún participante de la gresca (por suerte casi siempre del bando opositor), severamente dañado moral y hasta a veces físicamente. Mas de una vez, gracias a este enano delincuente (él sabe que lo quiero como a un hermano!) el grupo entero había tenido que concurrir "voluntariamente" a alguna seccional de algún país limítrofe para ser "fichado", situación que por motivos de espacio y tiempo no abordare en esta ocasión.

Los hermanos Agarrastegui llegaban también siempre temprano antes de una regata. Ellos casi no dormían. Un par de horas de reposo entre partuza y regata eran siempre suficiente para que estos artífices del Caos estuviesen 0 Km., listos para engendrar otra monumental cagada que de no ser por el hasta ahora inquebrantable código de silencio de la barra, podría mas de una vez haber integrado el libro "Guinness" de los récords.
Uno de los trimmers, Carlitos, llegaba siempre de punta en blanco. Impecablemente vestido, con su flequillo siempre inamovible, me hacía siempre rememorar a la serie "El Santo", en la cual el protagonista Simon Templar (Roger Moore), jamás se despeinaba, ni siquiera después de pelear contra un oso Grizzly o sobrevivir a un terremoto. Carlitos no hablaba demasiado, pero era uno de los pilares fundamentales de este grupo endemoniado. El siempre generaba -al menos ante el sexo opuesto- esa imagen de inocencia mezclada con nobleza, bondad y hasta inseguridad, características todas que lo hacían irresistible ante cualquier elemento femenino. Claro que todo esto era -si bien no en forma intencional- una imagen trucha de lo que sería en verdad una planta carnívora altamente peligrosa, la cual después de varios litros de cerveza, carecía de limites, y era hasta capaz de enhebrarse un canguro hembra al trote.

Rogelio era otro de los amigazos que eran infaltables. Aparte de ser eximio tripulante, y caravanero de alma, era el que proveía al TERNURA de los últimos "hits" musicales. El fue quien me introdujo a The Cure en los 80's, y a DJ Dero, Seb Fontain y otros marcheros mas en los 90's. Un jugador polifacético de toda la cancha, capaz de ponerse el "overall" (lamentablemente ciertos códigos son solo para pocos), o las "bermus y Raybans" dependiendo de la ocasión.

El otro infaltable en las grandes aventuras orientales era Lucio. Este caballero, quien solía aparecer peinado a la gomina en sus noches de soltero, no solo sabía exactamente que frase articular en cada momento de una discusión (con el siempre fin de evitar la violencia), sino que nunca le mermaba a la hora de meter mano cuando las gestiones de paz fracasaban. Su otra característica era una liebre muerta que le colgaba entre las piernas, lo que generaba la envidia de mas de uno de los integrantes del grupo de nautas, y la indefectible rendición incondicional de cualquier mujer con la cual bailara lentos.
El que siempre llegaba tarde era el narigón. Con la excusa de que vivía lejos, el perro se le escapaba, o alguna perra lo había "raptado" la noche anterior, siempre contaba con algún "Habeas Corpus" con el cual intentaba zafar. Sin embargo no había manera de enojarse con el narigón. Sus historias inverosímiles y sus -a veces perversas- imitaciones de personajes o situaciones, hacían que uno se olvidara de todo problema al instante de cruzar dialogo con él.

Quien escribe, uno mas del grupo, me encargaba por lo general de aportar de vez en cuando alguna que otra cajita de Mumm o botella de Gin, y rara vez alguna suerte de cotillón pirotécnico, el cual generalmente nunca funcionaba acorde a las expectativas.

El grupo estaba formado por muchos mas integrantes, los cuales serán protagonistas en futuras anécdotas de esta bitácora. Algunos se comprometían a correr en otras embarcaciones, otros eran propietarios de barcos. Lo importante era que una vez en tierra, todos integraban un mismo ejercito de amigos inseparables, dispuestos a divertirse y a premeditar con alevosía la próxima catástrofe nocturna.

El TERNURA era un barcazo. Nunca nos defraudaba. Construido en Aluminio, tenía la rigidez necesaria para soportar a la barra y a cualquier Pampero o Sudestada. También generaba ese sonido único al golpear el techo interior de su cabina, condición fundamental a la hora de acompañar el Tutá-Tutá una vez arribado a puerto (otra vez esos códigos..).

Esa mañana a eso de las ocho (la largada a Colonia era a las nueve), y ya a la altura de los Astilleros Rio Santiago, una serie de miradas cómplices entre los muchachos, daban indicio a que ya era hora de abrir el bar. El primer Gin Tonic salio livianito. Era norma del grupo tratar de correr seriamente, casi a nivel profesional, con lo cual la primer ronda de tragos llevaba mucho hielo, 70% de Cunnington y solo 30% de Tankeray (no siempre teníamos el privilegio de beber importado). Un aspecto que creo vale la pena aclarar antes que los lectores arriven a conclusiones erróneas, es que jamás antes o durante una regata, se superó la proporción de 40% de Gin en ninguna clase de bebida servida en esta noble embarcación. La seguridad y la prudencia siempre primaron por sobre todo en este grupo de jóvenes deportistas, amantes de la naturaleza y toda forma de vida. Claro que la situación mutaba en forma cuasi-Kafkiana una vez arribado a puerto. Ahí ya los limites eran mas difusos, las definiciones sujetas a distintas interpretaciones filosóficas, la responsabilidad y la razón eran reemplazadas por la suerte y el deseo pasional...en síntesis, la anarquía se apoderaba del grupo y solo el Todopoderoso sabia en que terminaría esa hasta ahí, justa deportiva sin igual.
Como era habitué de las tarde-noches colonienses, y a modo de evitar "entrar en pérdida" ya acercándose el ocaso, después de la ronda etílica de la llegada se solía hacer una "rotation" por el centro de la ciudad, onda reconocimiento del campo de batalla. En este corto recorrido que por lo general duraba no mas de un par de horas, se fichaban algunas chichis, dependiendo del cambio monetario se efectuaban algunas compritas, y por supuesto se seguía bebiendo en las mesitas gentilmente atendidas sobre la vereda de El Colonial o algún otro bar de turno.

Lo atípico de ese Sábado, y lo que por cierto generó cierta curiosidad en la barra, era la cantidad de gente y adornos que había en todo el pueblo. Distintas clases de ornamentas, arreglos florales y escarapelas gigantes con los colores orientales se hacían presente en cada casa o negocio a lo largo de la avenida principal.

Aparentemente, uno de los candidatos a la vicepresidencia de Uruguay, Wilson Ferreira Aldunate, estaba de gira por Colonia ese dia y daba su discurso presidencial esa misma noche. Dichoso este grupo de jóvenes intelectuales rioplatenses, quienes tendrían la oportunidad de escuchar en vivo y en directo a quien meses después podria ser el vicepresidente de la Republica Oriental del Uruguay. Eso de por si, era merecedor de otro brindis! La parte menos 'intelectual' del grupo, la cual seguía consumiendo cantidades obscenas de etil en el Colonial, en realidad no le importaba si el que iba a hablar era Wilson, Spalding, Le Coq Sportif o Pipo Mancera. Lo que si de a poco habían percibido, era que que la situación festiva socio-política que estaba viviendo la ciudad ofrecía un abanico de infinitas posibilidades para sentar precedente con alguna megacagada a realizar una vez entrada la noche. Por supuesto que aún faltaba regresar al barco para agotar las reservas etílicas, ponerse cucú-pipí, espantar el olor a muerto con un poco de Drakkar Noir y esperar lo inesperado.

La noche se hizo presente felizmente después de numerosas Norteñas que reemplazaron a las Pilsen, incontables vasos de Mumm e infinitos Gin tonics. Oídos que explotaban por el alto volumen musical, una cabina del TERNURA abollada por los golpes de los 'ya enajenados' tripulantes quienes se empecinaban por seguir arrítmicamente el ritmo de los "Auténticos decadentes", y unos pocos nunca faltantes amateurs que quedaron "for file" en la cucheta (el TERNURA siempre se caracterizó por llevar 'extranjeros' quienes aplicaban a la ciudadanía platense y rendian examen final en Marzo. La mayoria de ellos aplazaba..), marcaban que la hora de "arrancar" había llegado.

Después de la religiosa cena en un restaurante céntrico, la cual culminaría súbitamente antes de llegar a los postres luego de que a un caballero moderadamente calvo quien degustaba unas pamplonas en la mesa vecina le explotara un "choto asado" en la frente (hasta el dia de hoy no se sabe quien lo arrojó..), la barra pagó -parcialmente- la cuenta y velozmente se dirigió de nuevo a El Colonial en donde lo inesperado, lo inimaginable, lo ficticio, se convertiría en algo que 25 años mas tarde aun perdura en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de estar presentes esa noche en Colonia.

La tradicional confitería 'El Colonial' estaba -y digo estaba porque no he regresado a Colonia recientemente- situada en la esquina de la avenida Gral. Flores y una callejuela de piedras que bajaba con una pendiente moderada hasta terminar en una barranca sobre la bahía. En dicha barranca, zona oscura, carente de iluminación, estaba la nueva sucursal de otro tradicional boliche nocturno local, Chez Moi, punto final obligado de la noche coloniense. Volviendo a la esquina de esa callejuela con la avenida Flores, cuesta arriba, enfrente al Colonial y para sorpresa de la barra, se encontraba amuchada poco mas de un centenar de personas quienes escuchaban al candidato político disertar sobre la economía de mercado, la centralización y otras yerbas. Wilson Ferreira estaba rodeado por quien creo sería el intendente de Colonia, y algún otro miembro del partido político. Un par de cocodrilos coquetos-100% pagos- se encontraban cerquita a la gente importante y aplaudían cada tanto a quien seguramente las había adornado previamente.

Para poder transmitir su mensaje al publico, el candidato estaba subido a un carretón de madera provisto de cuatro ruedas, de esos que se usan para transportar animales o materiales. El carro tenia barandas de madera alrededor que estaban decoradas con plantas y escarapelas gigantes, una lanza de hierro para ser transportado a remolque por otro vehículo, y no mucho mas. Para evitar que se desplazara cuesta abajo, las ruedas del carro habían sido trabadas con alambre de fardo enrollado alrededor de ellas y el chásis. Creo que no es necesario ser ingeniero de la NASA para al menos empezar a esbozar una idea de lo que se avecinaba..

Mi recuerdo del discurso de Wilson es vago y carece de detalles, a excepción del momento en que un argentino amigo lo interrumpió increpándolo acerca de los 30.000 desparecidos. Recuerdo a la perfección como Wilson interrumpió su oración por la mitad y luego de un par de segundos de silencio total y con cara desencajada le respondió "eso es en Argentina, bo!!!!, dejate de pavadas..."

Eran ya cerca de las 2 de la madrugada. Ya no había simpatizantes políticos, Wilson se había retirado a sus cuarteles en Montevideo, los niveles alcoholicos en la barra habían adquirido proporciones tóxicas, el clima era perfecto....ah, una cosa mas: Se habían olvidado el carro de Wilson en la esquina! A partir de ese momento todo se precipitó con una mecánica digna de un episodio de 'misión imposible'. Mientras 4 personajes abordaban el carro, otros tantos sacaban el alambre de las ruedas, y un par manipuleaba la lanza orientando el carro cuesta abajo rumbo a Chez Moi. El móvil comenzó a tomar velocidad y los que al principio se apuraban a subir, minutos mas tarde se desesperaban por querer bajar. Yo estaba arriba, y junto con el mayor de los hermanos Agarrastegui saltamos sobre la lanza, la cual había quedado en la parte trasera apuntando cuesta arriba, sacando chispas cada vez que golpeaba contra el asfalto (puede que lo de las chispas haya sido imaginación). Con golpes de cuerpo intentábamos desesperadamente timonear el carromato que inexorablemente aceleraba cuesta abajo. -"saltá hermano, salvate vos!" exclamo mi compañero totalmente enajenado y con voz de grapa, cual héroe de película de Hollywood dispuesto a dar la vida por su amigo. Atrás, entre la oscuridad se podían divisar a los demás que habían logrado saltar, tirados en el pavimento. Maxi, Lucio, el menor de los Agarrastegui y muchos otros, todos tratando de incorporarse. No recuerdo mucho más salvo que segundos después yo también me encontraba sobre el asfalto, viendo como el carro con el amigo Agarrastegui sobre su lanza, se precipitaba barranca abajo y desaparecia en las oscuras aguas de la bahia. Entre tanto la gente salía descontrolada de Chez Moi a ver la catástrofe. Se oian voces vagamente familiares decir cosas como "esos chiquilines estan reborrachos! Se han robado el carro e' Wilson bo! ", o "Ta, que estos botijas se han desguampado contra el Vitumen".

Fue la última vez que vimos a Rómulo Agarrastegui. Recuerdo el dia siguiente, durante la misa del Domingo, llorar a mares, no solo por él sino también por las limaduras que todos teníamos debido a la caída y roces contra el asfalto. Un tema aparte eran las cefaleas y nauseas, seguramente debidas al mal estado del agua con el que habian congelado el hielo que usamos para los tragos. Ese Domingo, depués de la sencilla ceremonia en la parroquia del padre Washington Gutierrez, el TERNURA emprendía su regreso a la ciudad de los Tilos. Con un Norte suave que apenas acariciaba sus velas, una tripulación en su mayoria herida y triste, y cantidades industriales de Yogurt Conaprole sabor a durazno, la barca timoneada por los "amateurs" que la noche anterior habian permanecido en sus cuchetas, ponía proa al Sur; solo que esta vez con una importante baja en su tripulación.

Años mas tarde, alguien dijo haber visto al mayor de los Agarrastegui pululando en Brasil. Otros créen haberlo visto por el barrio de Almagro. Mitos populares, seguramente inventados por aquellos que desean que aquel grande aun esté entre nosotros.

Rómulo Agarrastegui, siempre estarás presente en nuestros corazones, en nuestros recuerdos, en la memoria del TERNURA. Los que estuvimos presentes aquella mágica noche oriental, jamás olvidaremos tu valentía y arrojo.


Pejerrey López, Marzo de 2009.



martes 11 de diciembre de 2007

Perrajaro


Quien no corre vuela..

martes 14 de agosto de 2007

Revelan el misterio del triángulo de las Bermudas.



George Town, Grand Cayman.
El torpedo apareció como de la nada por la banda de estribor. Su impacto fue preciso, certero. La explosión causó que el lujoso barco de pasajeros se elevara inicialmente unas cuantas pulgadas por encima de su línea de flotación. Los turistas, confundidos más aún que la tripulación, siquiera pudieron reaccionar a tiempo. Una segunda explosión segundos más tarde indicaba que las llamas de la primera detonación habian alcanzado la sala de máquinas. El resto fueron solo detalles sin relevancia. El crucero se hundió en solo 17 minutos, llevándose con él a 1345 pasajeros.

Si bien este párrafo parece extraído de una película de Hollywood, o de una historia de guerra de mediados del siglo pasado, esto fue lo que ocurrió ayer por la tarde, momentos antes de que el megacrucero comercial "Princesa del Toor", perteneciente a la renombrada compañía Caribeti, arribara al puerto de George Town, capital de las islas Cayman.

Al principio se pensó que el fuego era secundario a un accidente doméstico. Como tradición, el Princesa del Toor solía agazajar a sus pasajeros con el típico "Omelette flambee" justo antes de su llegada a destino. Ya el año pasado, uno de los cocineros en estado de ebriedad, comenzó un fuego al perder el control de su sartén, mientras doraba a las llamas este sabroso plato de origen francés. Por suerte, aquel incidente sólo causaría quemaduras leves en el perro caniche de la famosa actriz colombiana Conchita Silvestre. Pero este año, claramente, la situación fue distinta..
Nashuri Kazatu, de 94 años de edad (foto), hace 66 años que se encuentra refugiado en una pequeña isla, al noreste de las caimanes. La misma es tan minuscula, que no figura en los mapas cartográficos. Desde que su embarcación, el TEZUDA II, sosobró aquel amanecer de 1942, Nashuri ha estado "refugiado del enemigo". Atrapado dentro de sí mismo, y creyendo que la guerra aún continuaba, tomó ventajas de un viejo refugio y arsenal que las fuerzas del emperador habian armado en ese pequeño trozo de tierra poco antes de finalizada la segunda guerra mundial. Desde entonces, utilizando una vieja lancha torpedera varada en la playa, se ha dedicado durante más de medio siglo a atacar toda embarcación o aeronave que él considerara "enemiga".
El lunático geronte fué detenido al entregarse luego de haber disparado el último torpedo que le quedaba.
"Ya es en vano seguir luchando", dijo a Radio Universidad el solitario soldado. "No sólo me quedé sin misiles tierra-aire ni torpedos, también se me acabó el aceite de soja, el Sake y el arroz", continuó el viejo guerrero con su voz ténue, pero firme como la misma convicción que lo mantuvo vivo todos estos años.

Científicos de la NASA creerían que Kazatu podria ser el causante de las misteriosas desapariciones ocurridas durante los últimas décadas en el area conocida como triángulo de las Bermudas.
El anciano ya ha recibido millonarias ofertas de distintas emisoras televisivas para contar en forma exclusiva su historia.